🎭 Un atleta mediocre
Un regalo si te pasas a premium (hasta el 24 de mayo)
Para lograr más, debes ser más grande cada día.
MENTALIDAD IMPARABLE
“Historias y crecimiento personal”
Publicaciones:
Gratuitas: Martes, jueves y sábado.
Premium (Suscripción): Lunes, miércoles, viernes y domingo.
ACCIÓN:
Identifica hoy un problema que quieras resolver y, en lugar de buscar qué añadir, pregúntate: “¿Qué estoy haciendo que empeora esto?”.
Haz una lista de esos comportamientos y elige uno para eliminarlo de inmediato.
¿POR QUÉ FUNCIONA?
Nuestra mente tiende a buscar soluciones mediante la suma, pero a menudo el progreso real surge de la resta.
Al invertir la pregunta, desbloqueas una perspectiva nueva que revela errores invisibles y hábitos que te frenan sin que te des cuenta.
Este enfoque es más efectivo porque es más fácil dejar de cometer un error que intentar ser brillante de repente.
Además, este marco mental te ayuda a reducir la impulsividad y a filtrar el ruido externo, permitiéndote tomar decisiones basadas en tu realidad y no en consejos de quienes no arriesgan nada.
Al eliminar lo que resta, generas un espacio de claridad donde las soluciones positivas aparecen de forma natural.
Es un ejercicio de honestidad radical que transforma tu crecimiento personal en un proceso mucho más ágil, maduro y sostenible a largo plazo.
Un regalo si te pasas a premium (hasta el 24 de mayo)
Quiero hacer un regalo especial a quienes decidan dar el paso a la suscripción de pago.
Si actualmente eres suscriptor gratuito y te conviertes en suscriptor premium antes del 24 de mayo, recibirás un ejemplar firmado de mi libro “Brotes imparables II”.
Es mi forma de agradecer tu apoyo y la confianza en este proyecto.
Si te animas, puedes dar el paso directamente desde aquí y, después, responder a este correo con tu dirección postal para enviarte tu ejemplar.
¡Gracias por estar al otro lado!
Nota: si ya eres suscriptor de pago, también recibirás tu ejemplar firmado como regalo. Contesta a este correo con tus datos.
Un atleta mediocre
Los entrenadores lo cuestionaban.
La prensa se burlaba de él, llamándolo “el saltador perezoso”.
No era el favorito; de hecho, era un atleta bastante promedio.
En los Juegos Olímpicos de Ciudad de México 1968, un desconocido estadounidense preparaba su primer intento en la prueba de salto de altura.
El estadio guardó silencio.
80.000 personas observaban.
Nadie esperaba nada de él.
Respiró, tomó carrera y volvió a hacer lo que todos creían incorrecto.
Tenía 21 años, estudiaba ingeniería civil y no era considerado prometedor.
De adolescente, había probado varios deportes y terminó en el salto de altura porque era donde menos fallaba.
Nada hacía pensar que su nombre quedaría marcado en la historia.
Y, sin embargo, rompió el récord al superar los 2,24 metros.
Ganó la medalla de oro.
Y lo hizo con una de las innovaciones más influyentes del deporte del siglo XX.
Se llamaba Dick Fosbury.
Utilizó una técnica que parecía absurda.
Saltó de espaldas.
Hoy, la imagen de Fosbury parece normal.
Pero antes de Fosbury, los saltadores de altura utilizaban todo tipo de técnicas: las tijeras, el rodillo y el straddle.
Durante décadas, esa había sido la forma profesional aceptada de hacerlo.
Dick Fosbury intentó también esas técnicas, pero seguía perdiendo, así que buscó una forma óptima dentro de las mismas reglas de siempre.
Empezó a experimentar hasta que encontró la clave: una carrera en curva, un despegue con el “pie equivocado”, un giro del cuerpo, la espalda arqueada y una caída sobre los hombros.
Nada sensato ni elegante, según los estándares tradicionales, pero funcionaba.




